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11 de agosto de 2013

Mosquitos

Llevo veintiséis horas sin dormir. Esta mañana desperté con el alba, apenas eran las seis y media cuando las nubes grisáceas se hicieron paso entre la oscuridad de la noche y su clara luz inundó mi habitación. Desde entonces apenas ha habido vida, apenas ha habido miedo. Paseé algunas calles, leí algunas hojas, garabateé palabras sin significado en papeles de colores. Ya entrada la noche procedí con la ceremonia de todos los días. Tranquila, tranquila, hoy vas a dormir tranquila. Infusión de pasiflora y lavanda. Tienes que quedarte tranquila. Valeriana. Eso es. Me tumbé sobre cojines, encendí una tímida vela, algo de música ambiental. Hoy vamos a dormir bien. Dejé que el humo del incienso llenase la habitación. 

Pronto comenzó la segunda parte del ritual. El eterno remolino de mi cabeza continuaba dando vueltas, conseguí oír el tic-tac de un reloj que no existe, mi mente volvió a llenarse de las terribles imágenes que no paran de perseguirme, cerré los ojos con fuerza, me tapé el rostro con la almohada. Desapareced, por favor. Nada estaba funcionando. Hacía días que nada funcionaba ya. Daban igual las infusiones, el ambiente, las pastillas que decidiese tomar. Mi cabeza está por encima de todo eso. Y no se duerme. Aquí no se duerme nunca.

Algunas horas después me cansé de jugar. Me levanté con los ojos crispados, deseé poder lagrimear un poco para aliviar el escozor, pero no estaba funcionando. Tampoco. Encendí las luces, me senté sobre la cama con las espalda derecha y valoré mis posibilidades. Podía ponerme a leer, pero me dolían los ojos. Podía cambiar de lugar, ver si eso me tranquilizaba. No me agradaba la idea de pasar la noche en el salón, era ya de madrugada y podría entrar cualquiera. Y preguntarse qué hacía yo allí, con mis ojeras, sentada. Esperando a algo. ¿Qué está esperando mi cabeza?. Me decidí por una corta excursión al baño. Me refresqué el rostro y las manos con el agua fría. Observé mi reflejo en el espejo. Una, dos, tres, cuatro, cinco picaduras lo cubrían. No. Sonó un "clac" en mi cabeza. Otra vez no. Me miré horrorizada a través del espejo, aumentaron las pulsaciones, respiración irregular, tic-tac, tic-tac, un tic-tac cada vez más frenético. Por favor.

Volví a mi habitación por el oscuro pasillo, estaba preparada para aquello. Estaba, también, decidida a dormir. Pasara lo que pasase. Pude divisarlo desde el umbral de mi puerta. Por encima del cabecero de mi cama, en la pared, me esperaba. El díptero se apoyaba sobre sus pequeñas y majestuosas patas, con el vientre de color blanquecino, casi transparente, hambriento. Estaba esperándome. Al moverme comenzó a revolotear por la habitación y se posó sobre el cristal de la ventana. Detrás de ella las persianas bajadas apenas dejaban pasar la luz del día que comenzaba a amanecer. Me senté en la cama contemplando el mosquito. Lloré un poco. No sabía que iba a hacer entonces. De pronto, tuve que ahogar un pequeño grito, otro díptero levantó el vuelo desde el suelo, revoloteó cerca de mis pies y se posó junto a su compañero. Dos. Me cayó otra lágrima. Me di cuenta de que me dolía todo el cuerpo. Quiero dormir

Actué con calma. No quería llamar la atención de los pequeños insectos. Me acosté cubriéndome el cuerpo hasta la nariz y apagué la luz protegiendo la mano con la sábana. Las siguientes horas gotearon en las arenas del tiempo llevándose consigo todo rastro de cordura. Cerré los ojos con fuerza, de nuevo. Me convencí de que tenía que dormir. De repente caí en la cuenta de que aquellos bichos debían de llevar horas encerrados conmigo. ¿Me habrán picado ya?. Un hormigueo me recorrió todo el cuerpo. No podía soportar la idea. Recordé como había pasado penosamente las noches anteriores, tapada hasta la nariz durante toda la oscuridad, protegí mi cuerpo a cambio de que picoteasen mi cara. Una. Dos. Tres. Cuatro. Cinco picaduras. Temblé de miedo. Horrorizada me acurruqué bajo las mantas, no dejé que una sóla parte de mi piel estuviese expuesta al aire de la habitación. Allí abajo me sentía ahogar, el aire no se renovaba, los muelles se clavaban en todas mis articulaciones, tenía calor. No tenía sentido. Me van a picar igual. Me van a tocar igual. Mis oídos zumbaban, me preguntaba a veces si estarían allí, conmigo, bajo las sábanas. Entonces movía rápidamente todo el cuerpo, para ahuyentarlos, con cuidado de no salirme. Boca abajo sentí como se aceleraba mi pulso, los espamos regulares de mi cuerpo cada vez que mis oídos zumbaban se iban volviendo automáticos, ya no estaban bajo mi poder. Volví a oír el tic-tac. ¿Qué hora sería? ¿Importaba la hora? Quería dormir. Sólo quería dormir. Y en cambio  podía sentir gigantescas patas, esbeltas y peludas, posándose suavemente sobre mi cabeza, por encima de las mantas. Sentí como aquellos pequeños dípteros se volvían gigantescos sobre mi cuerpo tembloroso, como su patas se iban apoyando poco a poco sobre mi cabeza primero, bajaban por el cuello presionando suave mente las dobleces de mis mantas, ya ponía una primera extremidad en mi espalda cuando me pregunté si acaso buscaba un hueco por dónde colarse. Es imposible, es gigantesco. Sólo es gigantesco en tu imaginación. 

Imaginé entonces que aquel monstruoso díptero de un metro de alto tocaba al fin mi piel con sus terribles zancos. Sus alas pegajosas y amarillentas aleteaban con fuerza, levantaban un viento aterrador en la habitación. Podía oírlo zumbar con toda su fuerza sobre mi cuerpo paralizado. El sonido grave, rítmico, que se parecía al tic-tac del correr del tiempo se adentraba cada vez más en mi cabeza, retumbaba en mi cráneo, me recordaba que ya nada podría salvarme. Ya nada podría hacer que volviese a dormir. Su larguísimo aguijón se extendió hacia mi rostro. Clavado en mi mejilla succionaba mientras hinchaba su blanco vientre, que se volvía cada vez más y más rojo, apoderándose de todo el caudal de mis vasos sanguíneos. Grité, quisé gritar al menos, pero cuando abrí la boca para emitir aquellos sonidos cargados de terror recordé todas las pesadillas en las que los pequeños monstruos alados, mosquitos, polillas, abejas, se introducían en el orificio abierto de mi pánico, mezclaban el fango pringoso que impregnaba sus alas con mi saliva, los sentían zumbar cerca de mi garganta, amenazaban con infectar con sus extremidades peludas toda mi cavidad bucal y yo paralizada era presa del horror más grande que jamás podría imaginar. Aquellos sueños sólo acababan cuando mi cuerpo reunía la suficiente voluntad como para volver a moverse y vomitar sobre el suelo todos aquellos insectos. Me reencontré entonces con mis manos tapándome ansiosamente la boca, y mi cabeza recriminando mi falta de control. A punto hemos estado de que los dípteros aniden entre la lengua y el paladar. Lloré bajo las sábanas.

Busqué a tientas mi teléfono móvil. Comencé a teclear algunas palabras sin sentido y pensé detenidamente en lo que estaba haciendo. "Hay dos mosquitos en mi habitación". "Tengo miedo a los bichos". "Quiero dormir pero no puedo". "Ayúdame". ¿A quién iba a escribirle? ¿A quién podía importarle aquello a las ocho de la mañana? ¿Quién más que yo iba a comprender la magnitud de la situación?. Tomé aire. Sólo podía esperar. 


6 de mayo de 2013

I


Soñé contigo y una guitarra,
con la canción que no me vas a cantar.

Soñé con los cristales rotos de tu voz
que se clavan bajo la carne de mis uñas.



28 de agosto de 2012

Ulysses.

Hace un mes, algo más quizás, que no leo demasiado. No puedo leer si no encuentro algo que vaya acorde a mis sentimientos, a la situación personal de cada momento. No puedo leer si lo que leo no contribuye a seguir haciendo girar la rueda, si no encaja en la maquinaria. No es una manía, es que no tengo ganas, no encuentro el momento. Es un poco frustrante, porque cuando paso por estas épocas de no encontrar el argumento encaja, el estilo que necesito, siempre pienso en lo mucho de menos que echo enfrascarme en una buena lectura. También me pongo tremendista porque pienso en todo el tiempo que estoy perdiendo y en cómo este se traduce en libros que pude-haber-leído-pero-no-leí, y estos se suman a las toneladas de libros que me habrán quedado por leer al final de mi vida. Delirios de quien quiere guardar el océano en una botella de vino.

Aprovechando la coyuntura, decidí comprar en una deliciosa librería (de esas con tablas de madera que crujen al pisarlas) del centro de Dublín un ejemplar del Ulysses de Joyce. Como aquí sólo tengo una antología de Yeats a mano y no me encuentro muy in the mood para poesía me dije, vamos a echarle un ojo. Y sino, no es mala adquisición para engrosar mi librería personal y ya encontraré el momento. Y qué demonios, la situación suena asquerosamente decadente (y quizás algo prefabricada), ¡cómo para no caer en la tentación!

Así que me puse a leer el Ulysses. Y ay dios en dónde me he metido.

Me frustra pensar que nunca (o esas son mis realistas expectativas) tendré un nivel de inglés tan notable como para leer todos los párrafos de esta ¿novela? sin decir "¿qué narices?" en al menos la mitad. También me frustran las traducciones porque, como cabe esperar de una obra tan difícil, son horrendas. 

Me consuela pensar que no todo está perdido: a pesar de que no entiendo muchas líneas (y pararte a buscar cada palabra, a riesgo de que (y me temo que esto me ocurre a menudo) sea un neologismo o un juego de palabras, como que le quita encanto y, sobre todo, ritmo), sí entiendo la mayoría, y muy afortunadamente, gran parte de esto, lo disfruto y mucho. Lejos me queda el Joyce de Dublineses al que no terminé de cogerle el gusto, este otro es caótico, sarcástico, onírico, disfruto con sus juegos de palabras, sus extranjerismos, su manera de tejer realidad-pensamiento-visión, personal-colectivo, consciente-inconsciente-subconsciente, dentro y fuera, todo y nada, es suciamente realista y real. 

Así que admito que probablemente me esté quedando a medias. Pero también que al fin he encontrado lo que sigue haciendo girar la rueda. ¿Es esta confusión, este caos, lo que necesito ahora?

Pues parece que sí.

Y esto viene a decir varias cosas, a saber:
- Que lo que necesito, en gran medida, no solamente se trata de conciliarme conmigo misma, sino también muchas veces de proponerme retos (y eso es bueno).
- Que todavía queda un largo camino por recorrer, en muchos aspectos (esto también es bueno).
- Que no tengo que tener tanta prisa y dejar que las cosas encajen a su tiempo (y esto, por último, es difícil).


20 de julio de 2012

Confieso.

Que soy una histérica.
Y una paranoica.
Y que me gusta tener todos los cabos atados y bien controlados.
Sí, es eso.
Me gusta tenerlo todo controlado.
Todo bajo control.
No duermo tranquila con cuestiones por resolver.
Me lleno la cabeza de problemas inventados. Por suerte, acostumbro a resolverlos.
Confieso que no me aguanto ni yo misma. Que si pudiera callar esa voz de ritmo frenético que no me deja vivir tranquila, lo haría sin pensarlo dos veces.

17 de marzo de 2012

Mis borradores.

Son títulos y cuatro ideas, que un buen día mi pereza decidió dejar para otro momento. Ahora me resulta muy difícil extraer qué quería decir con ello -o qué importancia tienen esas ideas apuntadas sin demasiada explicación- lo cual me deja un poco contrariada.
Esto mismo, de hecho, era un borrador. Se titulaba así "mis borradores" y estaba en medio de los otros. En el cuerpo de la entrada ponía lo siguiente:
Unable to finish none of them.
¿Y el resto? Pues eso, lo que habéis leído, y esto mismo que leéis ahora, soy yo intentando recordar a cuento de qué venía tanta negatividad, si solamente son un par de ideas sin demasiada cohesión.
Bah.

2 de marzo de 2012

Se me hace extremadamente raro pensar que detrás de cada cara que veo por la calle hay una vida lo mismo de compleja como me puede resulta a mi la mía. A pesar de esto, de que me resulte muy difícil creérmelo, me paso el día inventando historias que encajen con la expresión (facial y corporal) de muchas de las personas que pasean por mi vida, sin ni siquiera haber escuchado alguna vez su voz. Algún día me gustaría saber si mis suposiciones son ciertas o no, o si al menos van bien encaminadas.

23 de enero de 2012

Mendel el de los libros o cómo recuperar la fé.

Hoy después de mucho tiempo voy a haceros una confesión muy personal: me he enamorado.
Voy a ser más exacta: me he reenamorado. Y a partir de aquí, lo que sigue, es la más pura verdad (y espero que no sirva de precedente).

Todo comenzó hace tiempo, unos cuantos años atrás, yo era una adolescente que iba de acá para allá, sin un rumbo demasiado definido, pero siempre navegando hacia adelante, faltaría más. Así, yo sabía que lo mío eran las humanidades, pero, ¿qué más? ¿qué rama? ¿a qué dedico toda mi vida universitaria y, con un poco de suerte, laboral? Pues bien, yo en principio quería hacer Historia del Arte. Era bonito. Y parecía suficiente para llenar todo una vida. Pero un buen día, una persona "C" me miró de arriba abajo con ojos extrañados y me espetó que no, que obviamente lo mío era la filología, y además no albergaba ninguna duda de ello. ¿Filología? De buenas a primeras aquello no sonaba demasiado bien. A decir verdad, me sonaba bastante aburrido.

Mi último año de instituto consistió en decidir qué hacer con mi vida: obviamente, había una puerta abierta al equívoco, nadie es perfecto, pero seamos sinceros, ¿quién quiere equivocarse con una decisión tan importante?. Hice un balance. Me dije: "es cierto. La literatura es tu pasatiempo favorito. Aprender idiomas y contrastar tus conocimientos de gramática es a lo que dedicas buena parte de tu tiempo libre. Se te da bien y te gusta." No estaba muy convencida.

Y esta es la realidad: mi relación con la filología, aún a día de hoy, acabando los exámenes del primer cuatrimestre del segundo año de la carrera (¡sin comerlo ni beberlo, me estoy acercando a la mitad!) es una relación de amor-odio. Confieso que hay días que llego a la facultad y me pregunto qué narices hago allí. Otros días miro mis apuntes, o hago memoria de lo que tengo que hacer para clase y me pregunto si esto es realmente a lo que quiero dedicar mi vida. No lo sé. No lo he sabido nunca. No sé si lo voy a saber algún día. Y no os voy a mentir. He pensado más de una vez en dejarlo. Y alguna lo he pensado muy seriamente (si no fuera porque el plazo estaba cerrado, a estas alturas de año en 2011 habría cometido la locura de cambiarme a Filosofía. Quién sabe cómo habría salido aquello). 

Pero lo más importante, sin duda alguna, no son los momentos en los que sientes que tienes tu vida cogida con las manos pero no sabes muy bien qué tienes que hacer con ella. Los momentos más importantes son los que me recuerdan porqué la filología es mi sitio. Es mi manera de ver la vida. Es mi vida. Algunas veces bastaba una clase de griego traduciendo a Safo de Lesbos para recordarme que poder leer a una de las grandes de la literatura universal en su versión original y no tener ningún problema para entenderla es algo casi necesario para mi. Otras veces, un buen profesor, "V", (peculiar, pero bueno al fin y al cabo) parecía tener encomendada la tarea de disuadirnos de nuestras ideas anti-filológicas, y he estado al borde de las lágrimas en alguna clase pensando en lo idiota que hubiera sido por mi parte no haber entrado allí nunca y haberme perdido las mil y una razones que este señor era capaz de decir para amar su profesión, que será la mía en un futuro. Una vez bastó con ver El club de los poetas muertos, que si bien su trama no me dice demasiado, me recordó el poder que tiene la literatura en mi vida y que mi alma es alma de poeta (mediocre y poco fructífera, pero poeta al fin y al cabo). Esta vez ha sido Mendel el de los libros de Stefan Zweig.

No creo que nadie que no ame tanto la literatura y la filología como yo pueda entender del todo esta novelita de Zweig. Y ojo, no quiero que se entienda que menosprecio a nadie. Pero así como yo misma acepto y valoro que haya gente que viva con un amor sobrehumano a la música y a la composición musical (por ejemplo), pero como no es mi caso, probablemente ante un testimonio de este tipo de vida no pueda llegar a comprenderlo del todo (y en definitiva, que cada loco con su tema). Así, Zweig escribe sobre la Primera Guerra Mundial, sobre la guerra en general y su efecto devastador, sobre la fría humanidad, sobre rusos, judíos y campos de concentración. Pero para mi, sobre todo, se trata de un amante de la literatura escribiendo una novela acerca de un amante de la literatura destinada a los amantes de la literatura. Esto es así, su prosa, deliciosa, me ha recordado que la literatura, los libros pueden ser los pilares de una vida, que pueden construir mente y memoria, que sin ellos me pierdo, que si no estuviese en este camino algo dentro de mi no podría descansar en paz buscando su verdadero hogar. Me ha recordado que a pesar de todas las dudas que me asaltan, y las que (estoy segura) lo harán en un futuro no muy lejano, este es mi sitio, soy bibliófila, soy filóloga, y a pesar de que a veces diga lo contrario, en el fondo nunca me arrepentiré. 

Me ha reenamorado y sólo puedo añadir un gracias, no sé muy bien a qué, si al destino, al karma o a alguna clase de dios místico, gracias por dejar que esta sensación de plenitud, de cosquilleo interior se cuele de vez en cuando en mi vida y me diga "tranquila, ahora estás donde tienes que estar" y que lo único que me quede por hacer sea disfrutarlo, porque es todo un privilegio poder dedicarme a aquello que de verdad me llena.

18 de febrero de 2011

Just wondering.

Si esto sobrevive tiempo (quiero decir, mucho, mucho tiempo), ¿Qué narices voy a pensar cuando me reencuentre con él? ¿Voy a acordarme de cómo me sentía o en qué pensaba cuando escribía (por poco que haya escrito por aquí)?

Es algo que me pregunto a menudo. Bueno, en realidad, es probable que tenga un problema con ello. 
Acostumbro a acumular tonterías pensando este tipo de cosas. 
"Voy a guardar estos apuntes, y cuando algún día, los vuelva a ver, recordaré como me sentí y como era vivir en  mi misma durante mi primer año de carrera"
"Voy a guardar esta tontería que he escrito en un papel y dentro de unos meses, me preguntaré en qué contexto pude jamás escribir tal cosa"
"Voy a guardar esto que aleatoriamente me ha dado alguien de mi entorno. ¿Recordaré quién me lo regaló? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Recordaré porqué narices lo he guardado?"

Y esto me pasa al menos un par de veces por semana. He venido a escribirlo porque lo estaba pensando mientras escribía en mi agenda. Sí, ahora me he acostumbrado a usar una agenda, porque últimamente olvido cosas, con más frecuencia que antes, a corto plazo (creo que esto tiene que ver con mi humor, últimamente no es muy bueno y me cuesta retener esas cosas) y porque he pensado que si consigo escribir un poco de cada día, o escribir qué cosas importantes ocurrieron en mi vida durante este año, algún día, cuando me vuelva a encontrar la agenda, podré recordarlo todo.

Supongo que siempre he sido muy reticente a olvidar el pasado, y ha terminado derivando en una pequeña manía de intentar grabar en algún medio que vaya a sobrevivir conmigo todo lo que me trae o bien muy buenos recuerdos, o bien me ayuda a evocar una cierta época de mi vida. Por lo que oigo y veo, es bastante común, pero querría señalar como me sorprende a veces el hecho de que inconscientemente asocie a una cierta etapa de mi vida un cierto olor. Incluso podría hablar de "manera de oler las cosas". Es bastante deprimente. Deprimente en el sentido en que a veces cojo un objeto, y la manera en que me llega el olor, de repente, aunque no sabría decir cuándo llegó el cambio, es totalmente diferente a antes. Y eso me llena de nostalgia. Algo así como "ojalá pudiera volver a oler esto como lo olía antes" (obviamente, el olor como tal no es lo que me preocupa, pero creo que se entiende a lo que me refiero).

En fin, solo quería dejarlo escrito en algún lado, ya sabéis, para encontrármelo dentro de años y recordar lo mucho que me cuesta permitir que el pasado se aleje y mi obsesión consecuente por plasmarlo todo de algún modo, aunque francamente, acabo por pensar que esta nostalgia casi permanente es inherente a mi persona, así que dudo sinceramente que esta pequeña confesión me sirva de utilidad algún día.

11 de febrero de 2011

Unos cuantos cambios.

Pues básicamente lo que dice el título: he hecho unos cuantos cambios. Llevaba ya un tiempo dándole vueltas al poco espacio para el texto de las entradas y finalmente esta semana estuve buscando qué podía hacerle. Lo dejé para el fin de semana que volvía a casita y tenía mi sobremesa, lo que implica más movilidad y, sobre todo, una pantalla más grande para ver mejor la dimensión global de los cambios, y ¡aquí está!

He tenido que rehacer el tamaño y unas cuantas cosillas de la imagen de cabecera, cambié la plantilla, le puse un poco más de color al blog (poco a poco me voy deshaciendo del blanco) y hasta he cambiado la fuente.

/entrada de relleno.

8 de febrero de 2011

Métrica: el ritmo. Segunda parte.

¡Buenas noches! Esta es la segunda parte de este post que trata sobre métrica.

Ahora que hemos visto los diferentes pies métricos, creo conveniente destacar que por lo que he visto en las clases en la facultad, lo habitual es clasificar sencillamente en dos grupos: versos yámbicos, cuyo acento axial cae en sílaba par y versos trocaicos, en dónde el acento axial está en sílaba impar.

Vamos a ver entonces la constitución rítmica de los versos, diferentes tipos de acentos:

- El acento axial: Es el más importante del verso. Este acento es obligatorio y necesario, siempre lo vamos a encontrar. Se trata del último acento de un verso. En la métrica española recae en la penúltima sílaba métrica del verso, por las siguiente razones*: si un verso acaba en palabra paroxítona, el último acento estará en la penúltima sílaba de esta; si acaba en palabra oxítona, como sabemos, se añade una sílaba métrica, así que la última acentuada será la penúltima y si acaba en palabra proparoxítona se elimina una sílaba métrica, así que nuevamente el último acento del verso estará en la penúltima sílaba métrica. Este acento determina si el verso es yámbico o trocaico, recayendo sobre sílaba par para los yámbicos, e impar para los trocaicos. (Tened en cuenta que las sílabas se cuentan desde la izquierda).

- El acento rítmico: Este acento está en comunión con el acento axial, en un verso yámbico, los acentos rítmicos caen en sílaba par, y si el verso es trocaico, en sílaba impar.

- El acento extrarrítmico: Este acento es el contrario al rítmico, es decir, si estamos ante un verso yámbico, el acento extrarrítmico es aquel que caiga en sílaba impar, y si estamos ante un verso trocaico, el acento extrarrítmico estará en sílaba par.

- El acento antirrítmico: Este acento supone una ruptura en el ritmo del verso, se sitúa inmediatamente anterior a un acento rítmico.

Vamos a ver algunos ejemplos:

en - vá -no_a - me - ná - zas -muér - te
1       2      3       4      5      6      7       8
Así pues, 7 es el acento axial de este verso, trocaico, que tiene además un acento rítmico en 5 y un acento extrarrítmico en 2.

se - vuél - va, - mas - tú - y_é - llo - jún - ta - mén - te
1      2       3      4        5      6       7     8    9    10    11
Aquí tenemos en verso yámbico con acento axial en 10, tres acentos rítmicos en 2, 6 y 8 y un acento antirrítmico justo antes de 6, el 5. Aprovecho este verso para recordar que en español, los adverbios en "-mente" tienen dos sílabas tónicas, "men" y conservan la tónica de la palabra de la que derivan (en este caso, "jun").

Jugando con la distribución de los acentos versales tenemos una serie de paradigmas de versos de diferentes metros, vamos a verlo:

- El pentasílabo adónico: sus acentos rítmicos recaen en 1 y 4:
 mi recuerdo

- El endecasílabo enfático: sus acentos rítmicos recaen en 1, 6 y 10:
mientras el corazón y la cabeza

- El endecasílabo heroico: con acentos rítmicos en 2, 6 y 10:
después de tanta furia y tanta pena

- El endecasílabo melódico: con acentos rítmicos en 3, 6 y 10:
no era gloria del sol; mas parea

- El endecasílabo sáfico: con acentos rítmicos en en 4, 8 y 10
dulce vecino de la verde selva
Con su variante, el sáfico francés, que tiene sus acentos en 4, 6 y 10:
la primavera verde todaa

- El endecasílabo de gaita gallega, con acentos en 1, 4, 7 y 10 (este me gusta especialmente, está muy vivo):
Pues otra vez de la bárbara guerra

Como último punto, en la entrada anterior sobre ritmo puse de ejemplo un verso de Rubén Darío, el siguiente: 
Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda
Como veis, es un verso de arte mayor y que podemos (debemos) dividir en dos partes, hemistiquios: "ínclitas razas ubérrimas/sangre de Hispania fecunda". En este tipo de versos analizamos cada hemistiquio por separado, métrica y rítmicamente. En este caso, tenemos dos hemistiquios octosílabos (el primero tiene nueve sílabas gramaticales pero le restamos una sílaba métrica ya que acaba en palabra proparoxítona) con idéntico esquema rítmico (1, 4 y 7). Se denomina cesura a la pausa que hay entre los hemistiquios.

*Las razones enumeradas es la conocida ley de Mussafia.

Y en fin, creo que con esto podemos finalizar las nociones sobre el ritmo y los acentos de un verso. 

7 de febrero de 2011

Métrica: el ritmo.

Bueno, me decido por fin a escribir una nueva entrada, hoy, dedicada a un poco de teoría sobre métrica. Desde que leí Métrica española, un manual completo y fácil de leer y entender de Antonio Quilis, me rondaba en la cabeza hacer una entrada de este estilo (y también una serie de prácticas compositivas, pero eso es otra historia), y hoy, de una vez por todas, he sacado un poco de tiempo y ganas.

El tema que voy a tratar es el ritmo de intensidad (acento) en la métrica española. Este ritmo procede y toma su terminología del ritmo de la poesía grecolatina, que no era de intensidad sino de cantidad. Vamos a dedicarle unas líneas a esta diferencia.

La poesía grecolatina construye sus versos según la cantidad que tengan sus sílabas, que pueden ser breves o largas*. En cambio, en la lengua española no hacemos diferenciación entre sílabas largas o breves, así que obviamente, no parece demasiado productivo basar el ritmo de nuestros versos en algo que no existe en nuestra lengua. Este ritmo según cantidad grecolatino se "tradujo" en un ritmo de intensidad, es decir, un ritmo en el que se la da prioridad al acento fónico de las sílabas y no a su cantidad.

Otros conceptos que sería adecuado introducir antes de enumerar los diferentes ritmos versales y los acentos de intensidad que nos encontramos en la métrica española son los de tónico, átono, grupo acentual y palabras tónicas y átonas. Mucho de esto se supone que forma parte de la educación básica de un alumno de la E.S.O., pero más vale prevenir que curar.

Tónico y átono son sencillamente, acentuado y no acentuado respectivamente. Lo entendemos, por ejemplo, en cuanto a sílabas, palabras, etc. Por ejemplo, en la palabra "bolígrafo", todas sus sílabas "bo-lí-gra-fo" son átonas, a excepción de "lí", que es tónica. 
El grupo acentual es un grupo de tres a cinco sílabas subordinadas a un acento principal. Con esto entran las ideas de palabras tónicas y palabras átonas. Las palabras tónicas son aquellas clases de palabras cuyo acento va a imponerse, estas son sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios, pronombres tónicos, indefinidos, posesivos demostrativos y numerales. Las palabras átonas, en cambio, son aquellas que van a subordinar su acento a los acentos de las palabras que las acompañen, y estas son la gran mayoría de conjunciones y preposiciones, el artículo indeterminado, pronombres átonos y adjetivos posesivos a grandes rasgos, saltándome alguna clase y alguna que otra excepción que tampoco creo indispensables.

Sabiendo esto, veamos los pies métricos de nuestra poesía, es decir, los diferentes tipos de ritmo acentual: yámbico y trocaico, los más comunes, y dáctilo, anfíbraco y anapesto.

- Yámbico: su esquema es _ /, es decir, la intensidad del primer grupo acentual del verso cae sobre la segunda sílaba métrica. en métrica grecolatina se corresponde con el esquema u_, sílaba breve seguida de sílaba larga.

la-lúz,|las-vé-gas,|el-már|O-ce-á-no**

- Trocaico: su esquema es _, la intensidad del primer grupo acentual del verso cae sobre la primera sílaba métrica, su correspondiente grecolatino es _u.

ím-pio|so-ña-dór|del-ó-ro***

Estos dos pies, los más comunes, son más fácilmente reconocibles del siguiente modo: teniendo en cuenta que el ritmo yámbico lleva su acento versal en sílaba par (segunda posición) y el trocaico en sílaba impar (primera posición), podemos conocer el ritmo del verso atendiendo al lugar que ocupa su última sílaba tónica (que en métrica española, por unas cuestiones que quizá trate algún día, suele ser en la penúltima sílaba, tendencia al paroxitonismo), de modo que si es una sílaba par, estamos ante un verso de ritmo yámbico, y si es sílaba impar estamos ante un verso trocaico.

- Dáctilo: su esquema es / _ _, la intensidad del grupo acentual se sitúa dos puestos antes de terminar el grupo, correspondiente en poesía grecolatina a _uu.

ín-cli-tas|rá-zas|u-bé-rri-mas****

- Anfíbraco: su esquema es _ / _, correspondiente al grecolatino u_u.

ves-tír-me|de-vi-vír

- Anapesto: su esquema es _ _ /, correspondiente al grecolatino uu_.

ya-quea-sí|me-mi-ráis,|mi-rád-me|al-mé-nos

Como se me hace un poco tarde, dejo para una segunda entrada el tema de los acentos versales y algunos tipos especiales de versos según la colocación del acento. Espero que os haya servido o al menos haya despertado vuestra curiosidad sobre un tema un tanto abandonado de la métrica española.

*La idea de mora, que ya comenté en algún otro post, es, como cabe esperar, fundamental en este tema de la cantidad silábica en griego clásico y latín.
**Acentúo las sílabas tónicas de cada grupo acentual (separados por barras | ), destaco que "Oceano"no lleva acento gráfico en la "e" en este verso, así que convertimos esta palabra proparoxítona en paroxítona, acentuada en "a".
***De nuevo la acentuación cambiada por el autor, en lugar de "impío" encontramos "ímpio".
****..sangre de Hispania fecunda, es el primer hemistiquio de este verso de Rubén Darío. No lo puse como ejemplo entero para no liarnos con cesuras y pausas versales.

P.D.: hace ya unos cuantos días me dediqué a justificar el texto de todos los posts del blog, ¡cuánto más bonito y ordenado está ahora!

19 de enero de 2011

¿Qué estoy leyendo?

¡Esta entrada está obsoleta! Si te interesa, puedes ver "¿Qué estoy leyendo?" actualizado aquí.

Bueno, este último año (2010) mantuve con unos amigos un foro (mantuve suena un poco fuerte, pero no voy a cambiar la palabra) en el que actualizábamos una lista con los libros que habíamos leído o estábamos en proceso de lectura, acompañado de reseñas de dichos libros, y que ciertamente, cayó un poco en el olvido (especialmente el tema de las reseñas... jeje). Aún así, me parece una excelente idea, sobre todo porque me ayuda a ser consciente de cuándo estoy más vaga para la lectura, y una se siente orgullosa cuando ve crecer su lista. Por esto, he decidido llevar una del año 2011 en el blog, con algún enlace, porque me parece interesante que la gente que entre pueda tomar alguna idea de qué leer.. ¡y porque a mi me gustaría encontrármelo en otros blogs! (/indirecta). En fin, aquí la tenéis:

Libros que estoy leyendo en este momento:
Poesía:
Novela:
El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, Haruki Murakami
Cuentos reunidos, William Faulkner
Na margem do rio Piedra eu sentei e chorei, Paulo Coelho
Momo, Michael Ende
El conde Lucanor, Juan Manuel
Ensayo:
Elogio de la locura, Erasmo de Rotterdam
Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche
Teatro:
Casa de muñecas, Henrik Ibsen
Otros:



Libros que he leído en 2011 [16]:
Poesía:
[02.2011] Poema de Mio Cid
[03.2011] Los Milagros de Nuestra Señora, Gonzalo de Berceo
[03.2011] La tierra estéril, T.S. Eliot (edición bilingüe)
[03.2011] Libro de Buen Amor, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita
[04.2011] Odas de Ricardo Reis, Fernando Pessoa (edición bilingüe)
[04.2011] Aullido, Allen Ginsberg (edición bilingüe)
Novela:
[01.2011] Ficciones, Jorge Luis Borges
[02.2011] Alice's adventures in Wonderland, Lewis Carroll
Ensayo:
[01.2011] Teorías del realismo literario, Darío Villanueva
Teatro:
[02.2011] La Samia, Menandro
[03.2011] Ifigenia en Áulide, Eurípides
Otros:
[01.2011] Manual de retórica española, Antonio Azaustre y Juan Casas
[03.2011] Aspectos básicos de sintaxis funcional, Guillermo Rojo
[03.2011] La cultura en la Edad Media hispana, Horacio Santiago-Otero
[03.2011] Fundamentos del análisis sintáctico funcional, Guillermo Rojo y Tomás Jiménez Juliá
[03.2011] La poesía épica y de clerecía medievales, Carlos Alvar y Ángel Gómez Moreno
[03.2011] Complementos argumentales del verbo: directo, indirecto, suplemento y agente, José Álvaro Porto Dapena

Muchos los tengo empezados de 2010, pero aún no los he terminado. Y sí, soy de esas horribles personas que empiezan mil libros a la vez.

20 de marzo de 2010

Insomnio de vez en cuando

Somos mi taza de café y yo.
Una noche más, una de esas en que la cama está tan cerca, y tan fría, que se me hace terrible siquiera acercarme más. Una de esas noches en que los ojos te pueden, y el cansancio te puede, pero te niegas a ir a dormir.
Somos mi taza de café y yo, y una revuelve a la otra y viceversa, para que el azúcar y la leche queden bien mezclados, para entrar en calor, y abandonar, como el resto del mundo empieza a hacer a estas alturas, el frío invernal.
Y así es, después del invierno, llega siempre la primavera. Igual que después de una noche de lectura llegan las plácidas horas de sueño apasionado, apurado, como para no perder ni un segundo de oscuridad interna, para asimilar toda la información.
Es una de esas noches en las que apostaría mi vida entera a que el cielo está precioso y despejado, a que incluso en la ciudad se ven algunas estrellas, y el ambiente es tan agradable y familiar que parece que sólo necesitas estar allí, vivir en ello, en el concepto de ciudad, y abandonar la individualidad personal por tan sólo unos minutos. Sin embargo, no puedo saberlo. Sencillamente, delante de mi, las persianas bajas me impiden observar si mis divagaciones se corresponden con la realidad. Y hasta cierto punto, quizás sea mejor así, ¿quién querría saberse en una de esas encantadoras noches, encerrada en casa, bebiedo café, intentando convencerse de lo maravilloso de un líquido encerrado en una taza de barro?

17 de febrero de 2010

Necesidades vitales

A veces tengo esa necesidad de escribir.
No de escribir en un teclado, ni la de escribir en el sentido de expresar conceptos o sentimientos.
Necesidad de escribir fisicamente.
Es observar el trazo de tinta que sigue a un bolígrafo al ritmo exacto que yo marco.
Es observar los trazos sucederse, y esmerarme porque resulten bonitos o elegantes.
Es la necesidad vital de crear un vínculo real con una hoja de papel, una paz interior como de sentirme comprendida por el plástico.
Y algún día terminará por ser indispensable para mi.

14 de marzo de 2009

Quizás debería actualizar.

O quizás no.
¿Qué sentido tiene escribir cosas cuándo soy incapaz de sentirlas, incapaz de sacarlas de algún lugar más allá de mis manos?
¿He vuelto a romperme?
Hace días que soy incapaz de escribir algo.
Ya sé que tampoco eran maravillas lo que publicaba aquí, pero igualmente me servían para desahogarme, y parece que ahora se está quedando todo dentro.
Eso tampoco es bueno.
En fin, me despido por el momento, prometo obligarme a mi misma a escribir algo, aunque sea para que esto deje de criar polvo..

16 de enero de 2009

Deutschunterricht.

"Lehrerin: Ach so, was für eine Krankheit hast du?
Ich: Mein Hals tut weh, und ich habe Kopfschmerz.
Lehrerin: Ahh! Es ist gut!
Ich: Nein! Es ist nicht gut!"

Meine neue Lehrerin gefällt mir nicht ¬¬

7 de enero de 2009

No es un buen comienzo.

Este no es un buen comienzo. Nunca hay buenos comienzos a las dos de la mañana, pero este es especialmente malo. Intentaba crear algo que fuese lo suficiente bueno cómo para tener razones decentes para continuarlo, pero seré sincera: Nunca se me ha dado bien el papel de Dios.