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26 de febrero de 2014

Lejos, muy lejos IV

Y esa noche soñó con las piezas del Rompecabezas que se recomponen en espacios cuatridimensionales y esas piezas era yo ahora y siempre y esas piezas era yo cuando nunca fui pero tal vez seré porque la solución al cósmico Rompecabezas está sólo en sus sueños y jamás conseguirá recordarlo al despertar.

El Emperador abre los párpados ante la luz rojiza del amanecer, en su cabeza sabe que alcanzó el gran secreto, que entendió al fin el concepto incognoscible. El Emperador intuye que sabe la que SOY en todas mis esferas, pero jamás sabrá si fue sueño o realidad, si fue una ficción literaria o un lejano recuerdo.

25 de febrero de 2014

Lejos, muy lejos III


El Emperador se deshace poco a poco de sus atavíos: los vestidos ancestrales de sedosas telas, los tocados, los adornos y brillantes que forman parte de su ornato caen uno a uno sobre el suelo de rítmica madera.

El Emperador está desnudo, el Emperador ya no es más que un hombre. 

Tan sólo un cuerpo, vulnerable como el resto. 

Se apaga la luz en el dormitorio, se corren las cortinas en las ventanas, esta noche dormirá arrullado por los suspiros del viento nocturno y quejumbroso.

18 de febrero de 2014

Lejos, muy lejos II

El Emperador saboreaba sus labios mojados de té amargo, puesto que su costumbre imponía no echarle ni un mísero granito de azúcar. Sus ojos repasaban una melodía que todavía no encajaba, atravesando cortinas de humo en su inexorable camino hasta el pentagrama.

Me preguntaba si durante aquellos instantes se acordaba de mí, si era consciente de que yo seguía allí, presente, única testigo del extático momento del Génesis, de la genuina creación. Parecía olvidarlo todo a su alrededor, concentrarse en la música, fruncir las cejas, entrecerrar los ojos rasgados de Emperador chino, relamer con la lengua los labios mojados, el té olvidado, rojo pálido, posado sobre su piel.

4 de febrero de 2014

Lejos, muy lejos I


El Emperador guarda su juego de té en un rincón apartado. Se pregunta con los ojos, ¿dónde se habrá escondido? Sabe que me encontrará en las tinieblas de sus sueños, pero cuando quiera agarrarme con los dedos me desvaneceré como el humo, como la niebla de la mañana.

¿Le preocupa eso al Emperador? 

Todavía no lo sabe. Por ahora, le basta cerrar los pesados párpados para bucear hasta el fondo de su alma, donde me guardó desarmada para recolocar mis piezas cada madrugada.

11 de agosto de 2013

Mosquitos

Llevo veintiséis horas sin dormir. Esta mañana desperté con el alba, apenas eran las seis y media cuando las nubes grisáceas se hicieron paso entre la oscuridad de la noche y su clara luz inundó mi habitación. Desde entonces apenas ha habido vida, apenas ha habido miedo. Paseé algunas calles, leí algunas hojas, garabateé palabras sin significado en papeles de colores. Ya entrada la noche procedí con la ceremonia de todos los días. Tranquila, tranquila, hoy vas a dormir tranquila. Infusión de pasiflora y lavanda. Tienes que quedarte tranquila. Valeriana. Eso es. Me tumbé sobre cojines, encendí una tímida vela, algo de música ambiental. Hoy vamos a dormir bien. Dejé que el humo del incienso llenase la habitación. 

Pronto comenzó la segunda parte del ritual. El eterno remolino de mi cabeza continuaba dando vueltas, conseguí oír el tic-tac de un reloj que no existe, mi mente volvió a llenarse de las terribles imágenes que no paran de perseguirme, cerré los ojos con fuerza, me tapé el rostro con la almohada. Desapareced, por favor. Nada estaba funcionando. Hacía días que nada funcionaba ya. Daban igual las infusiones, el ambiente, las pastillas que decidiese tomar. Mi cabeza está por encima de todo eso. Y no se duerme. Aquí no se duerme nunca.

Algunas horas después me cansé de jugar. Me levanté con los ojos crispados, deseé poder lagrimear un poco para aliviar el escozor, pero no estaba funcionando. Tampoco. Encendí las luces, me senté sobre la cama con las espalda derecha y valoré mis posibilidades. Podía ponerme a leer, pero me dolían los ojos. Podía cambiar de lugar, ver si eso me tranquilizaba. No me agradaba la idea de pasar la noche en el salón, era ya de madrugada y podría entrar cualquiera. Y preguntarse qué hacía yo allí, con mis ojeras, sentada. Esperando a algo. ¿Qué está esperando mi cabeza?. Me decidí por una corta excursión al baño. Me refresqué el rostro y las manos con el agua fría. Observé mi reflejo en el espejo. Una, dos, tres, cuatro, cinco picaduras lo cubrían. No. Sonó un "clac" en mi cabeza. Otra vez no. Me miré horrorizada a través del espejo, aumentaron las pulsaciones, respiración irregular, tic-tac, tic-tac, un tic-tac cada vez más frenético. Por favor.

Volví a mi habitación por el oscuro pasillo, estaba preparada para aquello. Estaba, también, decidida a dormir. Pasara lo que pasase. Pude divisarlo desde el umbral de mi puerta. Por encima del cabecero de mi cama, en la pared, me esperaba. El díptero se apoyaba sobre sus pequeñas y majestuosas patas, con el vientre de color blanquecino, casi transparente, hambriento. Estaba esperándome. Al moverme comenzó a revolotear por la habitación y se posó sobre el cristal de la ventana. Detrás de ella las persianas bajadas apenas dejaban pasar la luz del día que comenzaba a amanecer. Me senté en la cama contemplando el mosquito. Lloré un poco. No sabía que iba a hacer entonces. De pronto, tuve que ahogar un pequeño grito, otro díptero levantó el vuelo desde el suelo, revoloteó cerca de mis pies y se posó junto a su compañero. Dos. Me cayó otra lágrima. Me di cuenta de que me dolía todo el cuerpo. Quiero dormir

Actué con calma. No quería llamar la atención de los pequeños insectos. Me acosté cubriéndome el cuerpo hasta la nariz y apagué la luz protegiendo la mano con la sábana. Las siguientes horas gotearon en las arenas del tiempo llevándose consigo todo rastro de cordura. Cerré los ojos con fuerza, de nuevo. Me convencí de que tenía que dormir. De repente caí en la cuenta de que aquellos bichos debían de llevar horas encerrados conmigo. ¿Me habrán picado ya?. Un hormigueo me recorrió todo el cuerpo. No podía soportar la idea. Recordé como había pasado penosamente las noches anteriores, tapada hasta la nariz durante toda la oscuridad, protegí mi cuerpo a cambio de que picoteasen mi cara. Una. Dos. Tres. Cuatro. Cinco picaduras. Temblé de miedo. Horrorizada me acurruqué bajo las mantas, no dejé que una sóla parte de mi piel estuviese expuesta al aire de la habitación. Allí abajo me sentía ahogar, el aire no se renovaba, los muelles se clavaban en todas mis articulaciones, tenía calor. No tenía sentido. Me van a picar igual. Me van a tocar igual. Mis oídos zumbaban, me preguntaba a veces si estarían allí, conmigo, bajo las sábanas. Entonces movía rápidamente todo el cuerpo, para ahuyentarlos, con cuidado de no salirme. Boca abajo sentí como se aceleraba mi pulso, los espamos regulares de mi cuerpo cada vez que mis oídos zumbaban se iban volviendo automáticos, ya no estaban bajo mi poder. Volví a oír el tic-tac. ¿Qué hora sería? ¿Importaba la hora? Quería dormir. Sólo quería dormir. Y en cambio  podía sentir gigantescas patas, esbeltas y peludas, posándose suavemente sobre mi cabeza, por encima de las mantas. Sentí como aquellos pequeños dípteros se volvían gigantescos sobre mi cuerpo tembloroso, como su patas se iban apoyando poco a poco sobre mi cabeza primero, bajaban por el cuello presionando suave mente las dobleces de mis mantas, ya ponía una primera extremidad en mi espalda cuando me pregunté si acaso buscaba un hueco por dónde colarse. Es imposible, es gigantesco. Sólo es gigantesco en tu imaginación. 

Imaginé entonces que aquel monstruoso díptero de un metro de alto tocaba al fin mi piel con sus terribles zancos. Sus alas pegajosas y amarillentas aleteaban con fuerza, levantaban un viento aterrador en la habitación. Podía oírlo zumbar con toda su fuerza sobre mi cuerpo paralizado. El sonido grave, rítmico, que se parecía al tic-tac del correr del tiempo se adentraba cada vez más en mi cabeza, retumbaba en mi cráneo, me recordaba que ya nada podría salvarme. Ya nada podría hacer que volviese a dormir. Su larguísimo aguijón se extendió hacia mi rostro. Clavado en mi mejilla succionaba mientras hinchaba su blanco vientre, que se volvía cada vez más y más rojo, apoderándose de todo el caudal de mis vasos sanguíneos. Grité, quisé gritar al menos, pero cuando abrí la boca para emitir aquellos sonidos cargados de terror recordé todas las pesadillas en las que los pequeños monstruos alados, mosquitos, polillas, abejas, se introducían en el orificio abierto de mi pánico, mezclaban el fango pringoso que impregnaba sus alas con mi saliva, los sentían zumbar cerca de mi garganta, amenazaban con infectar con sus extremidades peludas toda mi cavidad bucal y yo paralizada era presa del horror más grande que jamás podría imaginar. Aquellos sueños sólo acababan cuando mi cuerpo reunía la suficiente voluntad como para volver a moverse y vomitar sobre el suelo todos aquellos insectos. Me reencontré entonces con mis manos tapándome ansiosamente la boca, y mi cabeza recriminando mi falta de control. A punto hemos estado de que los dípteros aniden entre la lengua y el paladar. Lloré bajo las sábanas.

Busqué a tientas mi teléfono móvil. Comencé a teclear algunas palabras sin sentido y pensé detenidamente en lo que estaba haciendo. "Hay dos mosquitos en mi habitación". "Tengo miedo a los bichos". "Quiero dormir pero no puedo". "Ayúdame". ¿A quién iba a escribirle? ¿A quién podía importarle aquello a las ocho de la mañana? ¿Quién más que yo iba a comprender la magnitud de la situación?. Tomé aire. Sólo podía esperar. 


17 de marzo de 2012

Wishlist.

Una de esas noches blancas y relucientes, protagonizadas por la luna nueva, orgullosamente esférica. Él iba delante, conocía mejor el camino y así yo sólo tenía que concentrarme en seguir sus pasos, huella con huella, calcar sus pisadas, y todo estaría en orden. No era necesario puesto que estábamos en una amplia explanada, pero era también un juego divertido.
La excitación iba creciendo a medida que avanzábamos, mi corazón palpitaba alegre, como dando saltitos, para acompañar a modo percutivo nuestra pequeña expedición nocturna. Susurraba la brisa del verano, en las costas del Atlántico, inconfundible. 
Encontramos un buen lugar donde echarnos, y así, cabeza contra cabeza, esperamos en la hierba húmeda. Ya faltaba poco.
No era la primera vez que veía una lluvia de estrellas, pero esta estaba siendo particularmente impresionante. Quizás porque nunca había estado quieta, tumbada, observando, dejando que se me cayeran esos trocitos de universo, de vida, de ser, encima. Pedí un deseo. Pedí ese deseo mil veces más, todas cuantas estrellas cayeron aquella noche sobre la campiña.
Sabía con antelación que no se iba a cumplir, porque las estrella fugaces no tienen poderes mágicos, como la lógica dicta, pero la carga simbólica era tan grande que reprimí alguna lágrima que se quería escurrir por mis mejillas. 
Lo que ocurriese a partir del momento en que volvimos a ponernos en pie y buscamos el sendero de vuelta a la civilización sería cuestión del azar, pero en lo más hondo de mí sabía que alguno de aquellos itinerantes puntos de luz se había llevado bien lejos mi pequeño deseo, y tal vez tuviese la generosidad de cumplirlo en algún lugar del vasto universo. Entonces, aunque estuviese a miles de años luz, yo sabría que se habría hecho realidad porque mi corazón se llenaría de calor y se sentiría de nuevo como en casa.

23 de marzo de 2011

De cómo malgasto mi materia gris en sobresalientes fracasos.

Réquiem por todas y cada una de mis neuronas que han fallecido intentando comprenderte. 

Podrían ocupar más hermosos altares, podrían haber dado su vida por hazañas mas sublimes y victoriosas, pero ellas, valientes, decidieron motu proprio encarnizarse en esta dura batalla, y en esta misma batalla perecieron, volviendo como los no menos valientes espartanos, sobre sus escudos.

¡Gloria a ellas, donde quiera que estén ahora!
¡Gloriosas sean, Amén!

Decía Horacio, dulce et decorum est pro patria mori. Y es que no se consuela el que no quiere. Y yo quiero, al menos, para aliviar el sentido de culpabilidad por las fallecidas.

En mi recuerdo por siempre, con sus estandartes en alto y sus armas en ristre, valerosas aún en guerra perdida. 


P.D:  Dedicado a todos los momentos en los que una se siente imbécil sabiéndose incapaz de entender una situación dada, sin importar el tipo ni las circunstancias. Y un hurra por las obstinadas perseverantes que prefieren morir en el intento a darse por vencidas. 

2 de marzo de 2011

Les choses importants.

<-Il y a des millions d'années que les fleurs fabriquent des épines. Il y a de millions d'années que les moutons mangent quand même les fleurs. Et c'est ne pas serieux de chercher à comprendre pourquoi elles se donnent tant de mal pour se fabriquer des épines qui ne servent jamais à rien? Ce n'est pas important la guerre des moutons et des fleurs? Ce n'est pas plus serieux et plus important que les additions d'un gros Monsieur rouge? Et si je connais, moi, une fleur unique au monde, qui n'existe nulle part, sauf dans ma planète, et qu'un petit mouton peut anéantir d'un seul coup. comme ça, un matin, sans se rendre compte de ce qu'il fait, ce n'est pas important ça! 
Il rougit, puis reprit:
- Si quelqu'un aime une fleur que n'existe qu'à un exemplaire dans le millions et les millions d'étoiles, ça suffit pour qu'il soit hereux quand il les regarde. Il se dit: 'Ma fleur est là quelque part...' Mais si le mouton mange la fleur, c'est pour lui comme si, brusquement, toutes les étoiles s'éteignaient! Et ce n'est pas important ça!>

"- Hace millones de años que las flores fabrican espinas. Y hace millones de años que los corderos se comen, de todos modos, las flores. ¿Y no es serio tratar de comprender porqué las flores se esfuerzan en fabricar unas espinas que no sirven para nada? ¿No es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es más serio y más importante que las sumas de un señor gordo y rojo? Y si yo conozco una flor única en el mundo, que no existe en ningún lado a excepción de mi planeta, y que un corderito puede acabar con ella de un solo golpe, así, una mañana, sin darse cuenta de qué es lo que hace, ¡no es eso importante!
Se ruborizo y continuó:
- Si alguien ama una flor de la que solo hay un ejemplar en los millones y millones de estrellas, le basta para hacerle feliz mirarlas. Y decirse 'Mi flor está ahí, en algún lado...' ¡Pero si un cordero se come la flor, es como si para él, de repente, se apagasen todas las estrellas! ¡Y no es esto importante!"


En mi opinión, uno de los pasajes más emotivos y bellos de Le Petit Prince, de Antoine de Saint-Exupéry, obra cortita que recomiendo encarecidamente. Como de costumbre, la traducción es mía, y sois libres de objetar, remendar o corregir cualquier cosa en los comentarios.

23 de febrero de 2011

Yo me equivoqué.

Y lo admito.
Yo apreté ese gran botón rojo que decía "no apretar". Quizás no leí, quizás no procesé, quizás no quise comprender.
Yo no sólo dejé que todo volase por los aires, sino que detoné con mis propias manos la explosión.
Yo amé el caos, besé sus labios, y dejé que arrasara el mundo conocido.
Yo adoré la destrucción, y levanté un altar en su honor entre los escombros.
Yo me equivoqué, joder. Y mira el resultado.

19 de marzo de 2010

Un segundo de inspiración

Como un destello de luz que cruza como un rayo mi mente, y se va posando entre hilo e hilo.
Tan breve como la caída de una gota de lluvia en la palma de mi mano.
Tan efímero como la arena escapándose entre mis dedos, como intentar abarcar el océano con mis brazos durante un segundo, tan frágil como guardar mi vida entre hojas y letras que se me escapan de las manos.
Tan suave como un suspiro que huye rozando todo a su paso, tan nostálgico como el más gris de los otoños.
Débil, pero quiere ser persistente, como las dudas entre un mar de sentimientos, y quiere ser eterno, pero es incapaz de mantenerse en la inestabilidad de mi mente.

Es sólo un segundo de inspiración, imposible de conseguir cuando lo deseas, que llega en el instante más inesperado, y desaparece tan rápido como viene, huye dejando atrás una estela con ese complicado sabor amargo que se fundirá en el paladar de mi sensibilidad desesperanzada.

Y es un dolor tan satisfactorio a su manera, que a pesar de todo lo que me hace sufrir, no puedo dejar de desearlo, y aunque se haga de rogar una y otra vez, seguiré accediendo y estando, como de costumbre, a sus pies.


-Rescato un borrador que tenía por aquí~

18 de marzo de 2010

Drama

Se abre el telón, y el ruido se vuelve aterrador.
Salgo y son millones de ojos los que me observan.
Bajo las intensas luces, muevo torpemente un cuerpo que no parece pertencerme, porque esa no soy yo. No, no lo soy, a pesar de sentirme mía. Es mi máscara, son mis gestos robados, y son las palabras pronunciadas bajo la presión del público. No soy yo, pero no hay nada más que "yo" en escena.
Se suceden los actos, y dentro de ellos, las escenas. Mi papel no es difícil de interpretar: lo entiendo y me complemento con él, hasta parecer almas gemelas, que caminan a la vez, hablan a la vez, pero nunca piensan en paralelo.
A pesar de los nervios, el público está entusiasmado, y aplaude divertido; he de reconocer que, esta vez, somos un buen reparto.
Y sin embargo, siempre quedará ese ansia, siempre esa ligera espera, mientras los acontecimientos continúan su curso: repasa las líneas del próximo acto sobre las tablas, la naturalidad ondea en el furioso viento, y se quiere escapar, pero todavía sigue siendo mia, y nuestra.
Los focos me iluminan, saluda, sonríe, porque ha salido bien, aunque sea la misma función que ayer. Y que la de mañana.

Tras los años de experiencia nunca terminaré de entender que, por más repentina voluntad que me inunde, no puedo pronunciarlo antes de tiempo, "acta est fabula".

31 de enero de 2010

Luna Llena

Luna llena esta noche, y me atormenta el recuerdo de unas manos que se deslizan.
Luna llena, y toda mi piel se eriza, con ese tacto tan característico, y ya no es suave, no.
Son hilos de pensamiento, se cruzan y entrecruzan, se agarran y se sueltan, siguen avanzando, hacen formas, círculos y cuadrados, y al final la respuesta es siempre la misma.
Sí, piensa, piensa, maquina cerebro mío, sigue girando en torno a imágenes, sigue girando en torno a la luna llena invernal, sigue dando vueltas, y vueltas, y más vueltas, porque es todo lo mismo, y por más que gires, el mundo girará igual.
Son manos que acarician, y se deslizan sobre otra piel que se eriza, otro tacto diferente, también, manos que recorren un camino impensable, unas manos traicioneras, que me engañan, y se esconden de mi, unas manos que no me pertencen, pero son mías, mías, y las siento acabar mis extremidades.
Son unos ojos, otros ojos, dos ojos, que brillan en la oscuridad, que se cierran, se abren, se cierran y se abren, siguiendo el ritmo de un aliento interrumpido. Son ojos que me ven, y me miran, me observan, pero me olvidan, son mis ojos, míos, pero no los siento en mi cara, no los siento en mi cuerpo.
Son palabras, palabras blancas, que me hablan, me piden perdón entre suspiros, y yo se lo concedo, porque son mías, son mis palabras, en boca de nadie, en boca de todos, en el aire, soplando con el viento, entre los granos de la arena, hasta que se las lleve el mar.

7 de enero de 2010

Desde Ground Control II

- Tras varios días de reflexión, de pensar, de sacar conclusiones y sopesarlas, finalmente lo he decidido. Nada.
- ¿Nada?
- Exáctamente. Nada. No se hará nada. No al menos bajo mis órdenes.
- Pero, señor, no vamos a tener otra oportunidad para contactar con su nave tan buena como esta.
- Lo sé.
- Pero, ¡Podríamos perderle! ¡Para siempre!
No contestó.
Su subordinado abandonó la sala, resignado, "nada".

Así es. Como si las noches en vela, las largas tardes de interminable café y los dolores de cabeza no hubieran tenido valor alguno.
"Pero sí que lo tienen".
Aunque la conclusión era tan sencilla como "no actuar" o "nada", llegar a ello había sido la auténtica odisea.
"Y además..." Y además el simple hecho de "nada" podía desencadenar suficientes acontecimientos por si solo.
Y la culpabilidad de no intervenir era tan grande como el miedo a dar el paso equivocado.

-Feliz cumpleaños, blog ^_^

15 de diciembre de 2009

Desde el espacio II

Vacío.
Frío y oscuro vacío.
"Hola" (y un eco repetía "holaholaholahola...", hasta deshacerse en su mente)
¿Alguien me oye? (y otra vez el eco "oyeoyeoyeoye...")
No.
Nadie le oía.
Hacía ya mucho tiempo que Ground Control no le enviaba señales, mucho tiempo que era incapaz de hacer que toda aquella aparatosa maquinaria de su nave se comunicase con cualquier forma de vida, incluso con aquella que nunca sería capaz de entender.
Estaba cansado de los puntos de luz.
Puntos de luz si cerraba los ojos, blancos, amarillos, rojos, azules, luz.
Puntos de luz en la estrechez de su cubículo.
Puntos de luz en su memoria.

Soñaba, a pesar de todo, con volver.
Con reencontrarse con su familia, soñaba sobre todo con pisar la tierra, respirar el aire limpio, y sentir la lluvia mojar su cuero cabelludo, provocando esa sensación de pesadez que se terminaría resbalando por sus mejillas, impregnando su piel con ese olor de fresca humedad.

Su mente devolvió el eco de estos pensamientos, como si de palabras se tratase, y se conformó con observar un poco más el Universo, mucho más cerca de lo que jamás estaría de él, y mucho más lejos de sí mismo de lo que jamás podría cambiar.

Perdido.
"Y quizás para siempre"
En el espacio sideral.

12 de diciembre de 2009

Desde el Infierno II

"El cielo, el papel, mi mente.
Todo es blanco"

En frente de aquel trozo de maldición se arremolinaban sus pensamientos, dando vueltas y girando como el humo que envolvía sus dedos hacía apenas unas horas, mientras contemplaba los rascacielos desde su ventana.
"Quizás es eso"
Sí, quizás era eso.
Quizás era la imponencia de los grandes edificios, el ruido de la gran ciudad, la frívola modernidad la que la paralizaba. Sus pensamientos corrían, hilos curvilíneos de ideas que se retorcían y se anudaban entre sí, una corriente continua de actividad que no podía exteriorizar.

22 de marzo de 2009

20122008

Suave, ligera e insalvable. Así era la esencia que caía lentamente, levemente, cortando el aire en su dulce balancear, libre de ser sujeta por nada ni nadie.
Aquella pluma no vivió para contarlo.
Desde el fatídico momento en que se había desprendido del ala izquierda de aquella paloma que aún veía a lo lejos, su destino había sido elegido.
Cuando su pequeño cuerpo tocó la superficie empedrada, no sonó ningún "crack" que indicase alguna mortal fractura en el nervio central, no, fue mucho peor.
Dejó de sentirse flotando en el aire.
Se le cortó la respiración.
Su alma se partió en mil pedazos y supo que no podría volver.
No volvería a volar.
No volvería a ser lo que era.
De hecho, no era nada.
En ese insignificante momento de reflexión, un niño que correteaba por allí desvió su trayectoria, y sin siquiera darse cuenta, la pisó.
Tampoco se oyó ningún "crack" esta vez, pero la pluma se echó a llorar.
Se sentía como.. "como una mariposa sin alas cayendo".
Pero la verdad es que ella ya había terminado de caer.
Y había sido pisoteada.

[..羽無き蝶 落ちるImageを..]


-Mejor que no subir nada nuevo, subo algo de hace un tiempo. A pesar de que hayan pasado los meses, puedo leerlo, y creo que siento lo que sentí al escribirlo. Quizás no sea ninguna maravilla, pero a mi eso me consuela. Bastante.

1 de febrero de 2009

31072008

Una ráfaga de frío viento sopló descolocando mi pelo, ya enmarañado de por sí, y decidí que aquel era el momento exacto para volver a abrir los ojos. Estaba mirando al suelo, era como un acto reflejo, tan sencillo que no podía evitarlo, y descubrí con cierta sorpresa que seguía caminando.
Sí, mis pies se movían acompasadamente, no podría negar que mis piernas dolían, pues no sería sincera, pero sabía que tenía que seguir adelante.
Levanté un poco más la cabeza, y descubrí que el sendero todavía llegaba lejos: era oscuro, y también es cierto que me inspiraba algo de miedo, encima de mi, amenazadoras nubes grises cubrían el espacio que los árboles que limitaban el bosque dejaban al descubierto. Era un camino nada deseable, y sin embargo.. algo en aquella ráfaga de viento, como el polvo de unos restos parecidos a felicidad, devolvía un sentimiento de esperanza que se colaba por cada poro de mi piel, hasta llegar a lo mas hondo de mi pecho y de mi mente: continuar, eso era lo que resonaba en mi cabeza.
Desperté un poco más del que había sido mi sueño profundo, hasta lograr estar mas consciente en aquella realidad, y entonces me di cuenta de que mi mano no estaba sola cuando cortaba el aire en su monótono movimiento pendular. Otra mano, otros cinco dedos se aferraban fuertemente a los míos, reconfortando el vacío que había sentido dentro, confiriéndome cierta seguridad en cada paso. Levanté la cabeza en aquella dirección, y al ver tus ojos supe que no me equivocaría.
Tu cuerpo caminaba junto al mio, y el cansancio nos acompañaba, podía sentirlo en cada milímetro de tu piel, podía olerlo en el aire, y lo que mas me preocupaba, podía verlo en cada uno de tus forzados movimientos.
Sabía que tu también habías sufrido, y a pesar de ello, cuando te miré a los ojos por primera vez desde que despertara de aquel extraño letargo, esbozaste algo parecido a una sonrisa, y en tus ojos pude ver toda la ternura y felicidd que el resto de tu cuerpo se sentía incapaz de expresar. Seguíamos vivos, al fin y al cabo.
Caminaríamos juntos hasta el lugar en que las nubes dejaban de ser grises, y los rayos de luz se filtraban generosamente a traves de las ramas.
"Tranquila, no estamos solos"


-Es algo que escribí hace tiempo, quizá el título os de una pista, pero me apetecía subirlo.

23 de enero de 2009

Desde el Infierno.

Ella sabía lo que era la gloria. Ella sabía lo que era el éxito. Ella sabía lo que era ser amada.
Si, sabía.
En pasado.
Ahora sencillamente se sentaba allí.
Y veía la vida pasar.
A veces, en vez de observar a los transeúntes, prefería observar sus manos: sus envejecidas y arrugadas manos. Cuándo las observaba, recordaba vagamente aquel sentimiento que la llenaba cuando cogía un micrófono y cantaba delante de una multitud de caballeros, que la observaban vestida de raso, cantando acompañada de un piano negro de cola. Pero se había acabado hacía mucho tiempo, y el rostro emocionado de su público se volvía un borrón, cada vez menos claro, cada vez mas confuso.
El amargo sabor de la pérdida de la fama era el único recuerdo que podía sentir con fuerza, y quizá por ello sencillamente decidió consumirse en su propio infierno.
Cuando ella había sido algo se aferró al carpe diem, y acostumbrada a aquella droga, su penitencia parecía interminable, pero ella sabía, en algún lugar bloqueado de su mente , mejor que nadie, que aquello no era más de lo que en realidad merecía.




"Knock, knock, knocking on Heaven's door"
[..]

16 de enero de 2009

Desde el espacio.

No oía nada. Quizá tampoco sentía nada.
Veía toda aquella masa oscura extenderse alrededor de su nave, todos aquellos puntos de luz, y los minúsculos trozos de materia que volaban sin ningún tipo de cuidado por cualquier lugar.
Se preguntaba todos los días si se estaba volviendo loco.
Lo malo, es que ya no diferenciaba los días. Ni las horas. Ni los segundos.
En el espacio exterior, realmente no importa demasiado el tiempo.
El tiempo es algo completamente humano. Y él ya no era humano. Bueno, quizás si, pero estaba completamente separado de la humanidad. Así que no era humano.
[..]
La oscuridad empezaba a no resultar extraña. Entre sombras se acostumbró a vivir, a flotar, a no pensar en la realidad que había dejado atrás.
Ahora, el antiguo "él" estaba muerto. Había fallecido durante el despegue de la nave. Ahora su "yo" era lo que contaba, y su "yo" no tenía nada en lo que contar.
Eso sí, tampoco tenía nada que perder.

7 de enero de 2009

Desde Ground Control.

Tenía la ventana cerrada y desnuda delante de mi, podía ver perfectamente las gotas de lluvia que caían lentamente sobre el cristal, trazando su camino suavemente, cómo lágrimas en un rostro cualquiera, pero más frías.
A pesar de que estuviese justo delante de mí, tenía la mirada perdida en algún lugar que aún ahora no distingo. Aún ahora no sé qué pasaba por mi mente.
[..]
Llevaba horas parada, sentada en la cama observando el tiempo cambiante, el exterior, la realidad, tan sólo me volví para tirar de una manta hasta colocarmela sobre los hombros.
Hace frío.
Y sigo sin poder dormir.