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27 de octubre de 2014

El arte de escribir

menos mal que lo escribí todo
palabra por palabra
y ahora puedo volver a aquel lugar
en aquel momento
siempre que quiera

como si
efectivamente
nos hubiéramos
muerto

y estuviéramos suspendidos eternamente en el tiempo

30 de abril de 2013

Todas las horas terminan.
Incluso aquellas que se demoran en la espera ante blancas hojas de papel.

21 de abril de 2013

En Oscuros Muros Habitan Palabras Pintadas De Negro Sobre El Yeso Y Cantan Himnos Prohibidos Y Recuerdan Viejas Historias Y Reviven Los Proverbios Olvidados Y Son La Manifestación De Los Profundos Corazones Acallados En La Inmensa Urbe Que Desean Gritar Desde El Fondo Y No Se Oyen Porque Nadie Les Deja Romper El Silencio
Y Gritan Gritan Gritan


ABAJO EL SILENCIO


ABAJO EL SILENCIO


ABAJO EL SILENCIO


10 de agosto de 2012

Prohíbo II

Que a partir de hoy no hay más preguntas.
Nada de
¿Qué tal?
¿Cómo estás?
¿Qué haces?
A partir de hoy sólo existe la enunciación.
Nada de hipótesis.
Nada de de órdenes.

A partir de hoy la verdad pura.
Lo que no se lima con matices.
Lo que no juega con interjecciones.
Hoy se acabó la entonación.

No más acentos, no más cadencias.
De hoy en adelante:
Plano.

De hoy en adelante:
yo y tú, iguales.
pasado y futuro, iguales.

No quiero más
"podría haber sido"
tampoco quiero
"quizás mañana"
.

No 
Más
Mentiras
Encubiertas
.

17 de marzo de 2012

Mis borradores.

Son títulos y cuatro ideas, que un buen día mi pereza decidió dejar para otro momento. Ahora me resulta muy difícil extraer qué quería decir con ello -o qué importancia tienen esas ideas apuntadas sin demasiada explicación- lo cual me deja un poco contrariada.
Esto mismo, de hecho, era un borrador. Se titulaba así "mis borradores" y estaba en medio de los otros. En el cuerpo de la entrada ponía lo siguiente:
Unable to finish none of them.
¿Y el resto? Pues eso, lo que habéis leído, y esto mismo que leéis ahora, soy yo intentando recordar a cuento de qué venía tanta negatividad, si solamente son un par de ideas sin demasiada cohesión.
Bah.

23 de enero de 2012

Mendel el de los libros o cómo recuperar la fé.

Hoy después de mucho tiempo voy a haceros una confesión muy personal: me he enamorado.
Voy a ser más exacta: me he reenamorado. Y a partir de aquí, lo que sigue, es la más pura verdad (y espero que no sirva de precedente).

Todo comenzó hace tiempo, unos cuantos años atrás, yo era una adolescente que iba de acá para allá, sin un rumbo demasiado definido, pero siempre navegando hacia adelante, faltaría más. Así, yo sabía que lo mío eran las humanidades, pero, ¿qué más? ¿qué rama? ¿a qué dedico toda mi vida universitaria y, con un poco de suerte, laboral? Pues bien, yo en principio quería hacer Historia del Arte. Era bonito. Y parecía suficiente para llenar todo una vida. Pero un buen día, una persona "C" me miró de arriba abajo con ojos extrañados y me espetó que no, que obviamente lo mío era la filología, y además no albergaba ninguna duda de ello. ¿Filología? De buenas a primeras aquello no sonaba demasiado bien. A decir verdad, me sonaba bastante aburrido.

Mi último año de instituto consistió en decidir qué hacer con mi vida: obviamente, había una puerta abierta al equívoco, nadie es perfecto, pero seamos sinceros, ¿quién quiere equivocarse con una decisión tan importante?. Hice un balance. Me dije: "es cierto. La literatura es tu pasatiempo favorito. Aprender idiomas y contrastar tus conocimientos de gramática es a lo que dedicas buena parte de tu tiempo libre. Se te da bien y te gusta." No estaba muy convencida.

Y esta es la realidad: mi relación con la filología, aún a día de hoy, acabando los exámenes del primer cuatrimestre del segundo año de la carrera (¡sin comerlo ni beberlo, me estoy acercando a la mitad!) es una relación de amor-odio. Confieso que hay días que llego a la facultad y me pregunto qué narices hago allí. Otros días miro mis apuntes, o hago memoria de lo que tengo que hacer para clase y me pregunto si esto es realmente a lo que quiero dedicar mi vida. No lo sé. No lo he sabido nunca. No sé si lo voy a saber algún día. Y no os voy a mentir. He pensado más de una vez en dejarlo. Y alguna lo he pensado muy seriamente (si no fuera porque el plazo estaba cerrado, a estas alturas de año en 2011 habría cometido la locura de cambiarme a Filosofía. Quién sabe cómo habría salido aquello). 

Pero lo más importante, sin duda alguna, no son los momentos en los que sientes que tienes tu vida cogida con las manos pero no sabes muy bien qué tienes que hacer con ella. Los momentos más importantes son los que me recuerdan porqué la filología es mi sitio. Es mi manera de ver la vida. Es mi vida. Algunas veces bastaba una clase de griego traduciendo a Safo de Lesbos para recordarme que poder leer a una de las grandes de la literatura universal en su versión original y no tener ningún problema para entenderla es algo casi necesario para mi. Otras veces, un buen profesor, "V", (peculiar, pero bueno al fin y al cabo) parecía tener encomendada la tarea de disuadirnos de nuestras ideas anti-filológicas, y he estado al borde de las lágrimas en alguna clase pensando en lo idiota que hubiera sido por mi parte no haber entrado allí nunca y haberme perdido las mil y una razones que este señor era capaz de decir para amar su profesión, que será la mía en un futuro. Una vez bastó con ver El club de los poetas muertos, que si bien su trama no me dice demasiado, me recordó el poder que tiene la literatura en mi vida y que mi alma es alma de poeta (mediocre y poco fructífera, pero poeta al fin y al cabo). Esta vez ha sido Mendel el de los libros de Stefan Zweig.

No creo que nadie que no ame tanto la literatura y la filología como yo pueda entender del todo esta novelita de Zweig. Y ojo, no quiero que se entienda que menosprecio a nadie. Pero así como yo misma acepto y valoro que haya gente que viva con un amor sobrehumano a la música y a la composición musical (por ejemplo), pero como no es mi caso, probablemente ante un testimonio de este tipo de vida no pueda llegar a comprenderlo del todo (y en definitiva, que cada loco con su tema). Así, Zweig escribe sobre la Primera Guerra Mundial, sobre la guerra en general y su efecto devastador, sobre la fría humanidad, sobre rusos, judíos y campos de concentración. Pero para mi, sobre todo, se trata de un amante de la literatura escribiendo una novela acerca de un amante de la literatura destinada a los amantes de la literatura. Esto es así, su prosa, deliciosa, me ha recordado que la literatura, los libros pueden ser los pilares de una vida, que pueden construir mente y memoria, que sin ellos me pierdo, que si no estuviese en este camino algo dentro de mi no podría descansar en paz buscando su verdadero hogar. Me ha recordado que a pesar de todas las dudas que me asaltan, y las que (estoy segura) lo harán en un futuro no muy lejano, este es mi sitio, soy bibliófila, soy filóloga, y a pesar de que a veces diga lo contrario, en el fondo nunca me arrepentiré. 

Me ha reenamorado y sólo puedo añadir un gracias, no sé muy bien a qué, si al destino, al karma o a alguna clase de dios místico, gracias por dejar que esta sensación de plenitud, de cosquilleo interior se cuele de vez en cuando en mi vida y me diga "tranquila, ahora estás donde tienes que estar" y que lo único que me quede por hacer sea disfrutarlo, porque es todo un privilegio poder dedicarme a aquello que de verdad me llena.

23 de marzo de 2011

De cómo malgasto mi materia gris en sobresalientes fracasos.

Réquiem por todas y cada una de mis neuronas que han fallecido intentando comprenderte. 

Podrían ocupar más hermosos altares, podrían haber dado su vida por hazañas mas sublimes y victoriosas, pero ellas, valientes, decidieron motu proprio encarnizarse en esta dura batalla, y en esta misma batalla perecieron, volviendo como los no menos valientes espartanos, sobre sus escudos.

¡Gloria a ellas, donde quiera que estén ahora!
¡Gloriosas sean, Amén!

Decía Horacio, dulce et decorum est pro patria mori. Y es que no se consuela el que no quiere. Y yo quiero, al menos, para aliviar el sentido de culpabilidad por las fallecidas.

En mi recuerdo por siempre, con sus estandartes en alto y sus armas en ristre, valerosas aún en guerra perdida. 


P.D:  Dedicado a todos los momentos en los que una se siente imbécil sabiéndose incapaz de entender una situación dada, sin importar el tipo ni las circunstancias. Y un hurra por las obstinadas perseverantes que prefieren morir en el intento a darse por vencidas. 

22 de marzo de 2011

Focus.

Me lavo los pies.
Así, así, con cuidado. Están muy sucios. Ya he llegado a casa, por fin. 
Me desvisto.
Poco a poco: ahora un brazo, ahora el otro. Dile "adiós" a tus vestidos de colorines y a tus chaquetas color miel.
Aquí, dentro, no te hacen falta.
Me desnudo de la piel.
Así, poco a poco: ahora una pierna, ahora la otra. Ya no la quiero, tampoco. Creo.
Date la vuelta.
No mires a nada más. Y que no se te olvide la correspondencia.
Entre un montón de facturas impresas en papel gris:

"Postdata: Poesía eres tú"

Curioso. Yo no había preguntado.
Olvídalo, volvamos a enfocar lo que importa. Vuelvo a enfocarme a mi (enfócate tú a ti).
¿Y ahora qué?
No, ahora nada.

P.D: Los márgenes del texto están justificados, que conste en acta.

18 de febrero de 2011

Just wondering.

Si esto sobrevive tiempo (quiero decir, mucho, mucho tiempo), ¿Qué narices voy a pensar cuando me reencuentre con él? ¿Voy a acordarme de cómo me sentía o en qué pensaba cuando escribía (por poco que haya escrito por aquí)?

Es algo que me pregunto a menudo. Bueno, en realidad, es probable que tenga un problema con ello. 
Acostumbro a acumular tonterías pensando este tipo de cosas. 
"Voy a guardar estos apuntes, y cuando algún día, los vuelva a ver, recordaré como me sentí y como era vivir en  mi misma durante mi primer año de carrera"
"Voy a guardar esta tontería que he escrito en un papel y dentro de unos meses, me preguntaré en qué contexto pude jamás escribir tal cosa"
"Voy a guardar esto que aleatoriamente me ha dado alguien de mi entorno. ¿Recordaré quién me lo regaló? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Recordaré porqué narices lo he guardado?"

Y esto me pasa al menos un par de veces por semana. He venido a escribirlo porque lo estaba pensando mientras escribía en mi agenda. Sí, ahora me he acostumbrado a usar una agenda, porque últimamente olvido cosas, con más frecuencia que antes, a corto plazo (creo que esto tiene que ver con mi humor, últimamente no es muy bueno y me cuesta retener esas cosas) y porque he pensado que si consigo escribir un poco de cada día, o escribir qué cosas importantes ocurrieron en mi vida durante este año, algún día, cuando me vuelva a encontrar la agenda, podré recordarlo todo.

Supongo que siempre he sido muy reticente a olvidar el pasado, y ha terminado derivando en una pequeña manía de intentar grabar en algún medio que vaya a sobrevivir conmigo todo lo que me trae o bien muy buenos recuerdos, o bien me ayuda a evocar una cierta época de mi vida. Por lo que oigo y veo, es bastante común, pero querría señalar como me sorprende a veces el hecho de que inconscientemente asocie a una cierta etapa de mi vida un cierto olor. Incluso podría hablar de "manera de oler las cosas". Es bastante deprimente. Deprimente en el sentido en que a veces cojo un objeto, y la manera en que me llega el olor, de repente, aunque no sabría decir cuándo llegó el cambio, es totalmente diferente a antes. Y eso me llena de nostalgia. Algo así como "ojalá pudiera volver a oler esto como lo olía antes" (obviamente, el olor como tal no es lo que me preocupa, pero creo que se entiende a lo que me refiero).

En fin, solo quería dejarlo escrito en algún lado, ya sabéis, para encontrármelo dentro de años y recordar lo mucho que me cuesta permitir que el pasado se aleje y mi obsesión consecuente por plasmarlo todo de algún modo, aunque francamente, acabo por pensar que esta nostalgia casi permanente es inherente a mi persona, así que dudo sinceramente que esta pequeña confesión me sirva de utilidad algún día.

21 de mayo de 2010

Las palabras que no existen.

A veces pienso sobre ello, y creo que hay palabras que no existen.
Es decir, todas y cada una de las palabras posibles existen, obviamente. Las que piensas, las que piensan los demás, las que están escritas, las que son pronunciadas y se las lleva el viento, las que están grabadas en archivos de audio, y una infinidad más de maneras y ámbitos en los que una (o bueno, probablemente, más de una) palabra puede existir.
Sin embargo, considero que muchas de esas palabras no tienen validez real, y por tanto, aunque existen, mejor sería que no lo hiciesen. Quiero decir, cuando algo existe y no sirve para nada, no cambia nada, está obsoleto, o le resulta indiferente al resto de cosas existentes, entonces, su propia existencia (valga la redundancia) no tiene un sentido real, una finalidad, incluso es casi como una existencia vergonzosa. Y eso que yo tampoco creo demasiado en la concepción teleológica de las cosas.

Pero en fin, ¿cuándo considero yo que una palabra existe?
La palabra sirve, fundamentalmente, para comunicarnos. De este modo, las palabras que yo pienso, pero no son comunicadas a nada ni a nadie, ¿existen?
Bien, pues, después de pensar sobre ello, creo que no.
Es decir, cuando yo tengo una palabra, un concepto, un "algo que decir", pero solo está dentro de mi, nadie más va a saber que existe. Obviamente, en cuanto solo una persona más lo sepa, la existencia de ello va a ser evidente. ¿Cómo puedo saber que al intentar transmitir lo que pienso, las palabras no van a modificar su significado, aunque tan solo sea ligeramente? Cuando se comunica algo a otra persona, se pierde el concepto puro. En la comunicación, no solo influyen tus palabras, sino el contexto, la interpretación de las mismas por tu interlocutor.. en fin, no es lo mismo. Y aquí me encuentro con otro problema. Entonces, lo que existe no es lo mismo que lo que pienso. Porque en cuanto dejo que exista, el concepto cambia. Aunque sea de manera imperceptible.
Y esto, a su vez, me lleva a pensar, entonces, ¿todas las palabras que yo considero que existen, existen realmente?
Bueno, si lo vemos desde cierto punto de vista, no, no existe ninguna de ellas.
¿Por qué? Pues porque lo que existe ya no es lo que queremos comunicar. Puede que sea muy parecido, que en ocasiones sea idéntico, pero la diferencia entre la existencia y la no-existencia es tan abismal, que todas las palabras que existen nos son ajenas, y por tanto, aunque sí existen como tales, no es lo que queríamos expresar. El objetivo por el cual las hemos pronunciado (o comunicado de cualquier manera posible) no ha sido conseguido.

Para mi, esto explica porqué es tan difícil escribir, o explicar oralmente aquello que sientes o piensas. No es cuestión de que los conceptos o ideas que tu sientes dentro no puedan ser expresados con palabras. Es el hecho de que cuando salen de ti, dejan de ser el concepto puro, y deja de ser lo que piensas para ser una mutación de lo que quieres comunicar.

23 de marzo de 2010

Déjame vivir contigo en primavera II

Y es cierto, no me había dado cuenta.
¿Y por qué -me pregunté en un primer momento- por qué?
Pues bien, no es realmente relevante.
Quiero decir, los cambios, obviamente, se producen de manera gradual, así que establecer un día para el equinoccio de primavera no tiene realmente sentido, fuera, por supuesto, de un contexto científico.
Me propuse mirar al mundo sonriente, como ya prometí una vez no muy lejos de aquí, y salí esta mañana contenta: me dediqué a disfrutar de la música que otros en su día compusieron para homenajear la estación, y me infundí ganas de verlo todo con nuevos ojos. Me convencí de que hacía un día precioso, de que el sol brillaba con fuerza, y escuché los pájaros más allá de las cuerdas de Vivaldi. Quise ver un verde más potente en las hojas de las plantas, y quise oler el fresco de la brisa matutina, quise blanquear, también, las nubes solo con desearlo. Quise saludar alegre a quién me crucé en el camino, y quise, sobre todo, darle la vuelta a los hechos, y que se mostrasen favorables para mi.
Y en medio de tanta ilusión, y de tanta ganas de vivir el mundo, caí en la cuenta: ¡hoy no era el primer día de primavera!
Sin embargo, mi descubrimiento, mi sorprendente hallazgo, tan obvio para los demás, no fue negativo más que en primera instancia: todo es psicológico. Todo era, es, y muy probablemente será piscológico.
Todo está dentro de mi, porque soy yo, y nadie más a parte de mi puede cambiar el retorcido mecanismo que mueve todas mis piezas hacia delante.
¡Qué evidente parece! Y sin embargo, ¡cuánto me sigo sorprendiendo, una  y otra vez!
No me hace falta ya que los astros se alineen, o que los polos de la Tierra estén a la misma distancia del Sol, no me hace falta fijar un día y prometerme "hoy empezaré a sonreír", porque no existe ni el "hoy", ni "mañana", ni "ayer", ni "día". Existo "yo" y es el concepto de mi misma que tengo el que debe cambiar y adaptarse armoniosamente a la "yo" en la que me quiero convertir, que es, en realidad, lo mismo de antes desde otra perspectiva.
En fin, vuelvo a tener esa ilusión de ayer, pero esta vez ya no está basada en acuerdos abstractos, sino que está basada en mi propia fuerza de voluntad, y por lo tanto en mi misma, así que esta vez espero que no se vuelvan a derrumbar mis espectativas.
Veremos como salen las cosas de ahora en adelante en mi primavera particular, que empezó un día más tarde que para el resto del hemisferio, pero no por ello con menos fuerza.

20 de marzo de 2010

Insomnio de vez en cuando

Somos mi taza de café y yo.
Una noche más, una de esas en que la cama está tan cerca, y tan fría, que se me hace terrible siquiera acercarme más. Una de esas noches en que los ojos te pueden, y el cansancio te puede, pero te niegas a ir a dormir.
Somos mi taza de café y yo, y una revuelve a la otra y viceversa, para que el azúcar y la leche queden bien mezclados, para entrar en calor, y abandonar, como el resto del mundo empieza a hacer a estas alturas, el frío invernal.
Y así es, después del invierno, llega siempre la primavera. Igual que después de una noche de lectura llegan las plácidas horas de sueño apasionado, apurado, como para no perder ni un segundo de oscuridad interna, para asimilar toda la información.
Es una de esas noches en las que apostaría mi vida entera a que el cielo está precioso y despejado, a que incluso en la ciudad se ven algunas estrellas, y el ambiente es tan agradable y familiar que parece que sólo necesitas estar allí, vivir en ello, en el concepto de ciudad, y abandonar la individualidad personal por tan sólo unos minutos. Sin embargo, no puedo saberlo. Sencillamente, delante de mi, las persianas bajas me impiden observar si mis divagaciones se corresponden con la realidad. Y hasta cierto punto, quizás sea mejor así, ¿quién querría saberse en una de esas encantadoras noches, encerrada en casa, bebiedo café, intentando convencerse de lo maravilloso de un líquido encerrado en una taza de barro?

18 de marzo de 2010

Nick Drake



"El tiempo me ha enseñado
que eres un hallazgo realmente raro,
un agitado remedio
para una mente agitada.

Y el tiempo me ha enseñado
a no pedir más,
algún día nuestro océano
alcanzará su orilla

Así que abandonaré los caminos que me están haciendo ser
lo que realmente no quiero ser,
y abandonaré los caminos que me están haciendo amar
lo que realmente no quiero amar"


:/
"Agitada" no me gusta, así que por favor, dadme ideas para cambiar la traducción xD
Pues me encuentro con Nick Drake casi de casualidad, y he tenido el placer de escuchar un álbum suyo que se llama Five leaves left, que recomiendo para pasar un rato tranquilo, melancólico, pero con esa melancolía especial que no es solo triste, sino que tiene también esa especie de "esperanza" escondida en medio. Comienza precisamente con esta canción, Time has told me, que es de mis favoritas en el álbum. Quizás es su voz, que parece que acaricia, lo que me encanta, no sé, os animo a que le echeis un oído.

Respecto a la letra, he escogido las tres primeras estrofas, porque me parece que recogen muy bien una serie de sentimientos que de vez en cuando están ahí, por lo menos para mi. Es una maravillosa espera para alcanzar un fin, una solución, al tiempo que se deshace de todo aquello que le aliena y no le permite ser lo que, efectivamente, es, y buscar en la vida lo que quiere buscar. En fin, un intento de desnudar el más sincero "yo" que todos tenemos dentro, y tan raras veces le damos libertad para escoger y ser.
Y también a mi el tiempo me enseña, y cada vez con más rectitud, que no puedo pedir más de lo que tengo, ni más de lo que soy. Y no creo que sea sencillamente conformismo, sino la realidad a la que también debo llegar para entenderme eficientemente.

So peaceful~

Drama

Se abre el telón, y el ruido se vuelve aterrador.
Salgo y son millones de ojos los que me observan.
Bajo las intensas luces, muevo torpemente un cuerpo que no parece pertencerme, porque esa no soy yo. No, no lo soy, a pesar de sentirme mía. Es mi máscara, son mis gestos robados, y son las palabras pronunciadas bajo la presión del público. No soy yo, pero no hay nada más que "yo" en escena.
Se suceden los actos, y dentro de ellos, las escenas. Mi papel no es difícil de interpretar: lo entiendo y me complemento con él, hasta parecer almas gemelas, que caminan a la vez, hablan a la vez, pero nunca piensan en paralelo.
A pesar de los nervios, el público está entusiasmado, y aplaude divertido; he de reconocer que, esta vez, somos un buen reparto.
Y sin embargo, siempre quedará ese ansia, siempre esa ligera espera, mientras los acontecimientos continúan su curso: repasa las líneas del próximo acto sobre las tablas, la naturalidad ondea en el furioso viento, y se quiere escapar, pero todavía sigue siendo mia, y nuestra.
Los focos me iluminan, saluda, sonríe, porque ha salido bien, aunque sea la misma función que ayer. Y que la de mañana.

Tras los años de experiencia nunca terminaré de entender que, por más repentina voluntad que me inunde, no puedo pronunciarlo antes de tiempo, "acta est fabula".

17 de febrero de 2010

Necesidades vitales

A veces tengo esa necesidad de escribir.
No de escribir en un teclado, ni la de escribir en el sentido de expresar conceptos o sentimientos.
Necesidad de escribir fisicamente.
Es observar el trazo de tinta que sigue a un bolígrafo al ritmo exacto que yo marco.
Es observar los trazos sucederse, y esmerarme porque resulten bonitos o elegantes.
Es la necesidad vital de crear un vínculo real con una hoja de papel, una paz interior como de sentirme comprendida por el plástico.
Y algún día terminará por ser indispensable para mi.