29 de febrero de 2012

Bajo tierra.

Dedicado a aquella Lucy que un día dejó de ser. Fue un día apenas conocido para unos pocos, y que tan sólo obró diferencia en W.W.


Lucy, brilla tu luz a lo lejos
en las orillas de un celeste espejo
que guarda tus deliciosos miembros,
- convertidos ahora en polvo para siempre -
y que esconde el tibio corazón
que antes sostuve con mis manos
cuando las noches aún eran claras
y los días se teñían de vana esperanza.

Odio tus luces y el brillo, querida,
quiero tormentas, quiero lluvias,
quiero una niebla inmensa que cubra las calles
-lo mismo que cubre la fría tierra tu cuerpo-
y que la rabia se transforme en truenos
y la memoria en relámpagos
- nítidamente fugaces, incorpóreos -
y que mi corazón, el que antes sostuviste con tus manos,
pueda al fin vestirse de este agua
que limpia los pozos y las grietas
de los edificios que un día habitamos.

Terrestres son tus restos
mientras viva yo bajo tu techo, 
y condeno que no haya espíritu en vida
- ni alma en penitencia -
que conozca una flor tan bella
como la violeta que bebía de tu boca.

¿Dónde está tu calor, Lucy,
dónde está tu piel? 
Dónde escondes tus secretos, 
dónde te dejo de querer.