3 de enero de 2010

Cuatro flores que eres tú.

Cuatro flores blancas, que huelen a ti, saben a ti, y se parecen a ti, porque al fin y al cabo, eres tú.
Cuatro lirios que quise deshojar, para regalarte su perfume, y su tacto sedoso.
18 dulces pétalos que nadaron hasta ti, y que tú acariciaste con tus yemas mimosas, los besaste, y supiste que aunque fuesen tú, entonces, también eran yo.
De esos cuatro lirios, sobrevivieron dos, que quise cuidar y admirar, encerrados en su cajita de cristal, inundados por un agua tan común, que ni lo merecían.
El momento en que la belleza se vuelve muerte llegó también para los dos solitarios lirios que yo guardé, y sus pétalos marchitos se inclinaron, quizás cansados de llevar a cuestas ese color marrón nuevo y doloroso.

¡Qué irónica es la vida! Y, ciertamente, aún más lo es la muerte, prematura, quizás, o tan sólo inesperada.
Dos lirios, dos, como tú y yo, yacen muertos y abrazados todavía, en mi ventana, y recalentados por el sol.

P.S: Para que te guardes en mi cajita de los recuerdos, al lado de alguna corbata y papeles perfumados y con los bordes quemados.

-Me gusta escribir mientras me baño en agua calentita.

2 comentarios:

Nirei dijo...

Empieza el año y tú blog vuelve a llenarse de vida. Escribes realmente bien, no dejes de hacerlo.

Un abrazo bien fuerte que no te pude dar porque ya te habías ido. ^^ Ya sabes por donde ando si me necesitas.

Anónimo dijo...

Joba, Rebe... eso fue el hilo rojo... pueo asegurartelo... ^^

Te quiero>.<

chiosama!