17 de marzo de 2012

Wishlist.

Una de esas noches blancas y relucientes, protagonizadas por la luna nueva, orgullosamente esférica. Él iba delante, conocía mejor el camino y así yo sólo tenía que concentrarme en seguir sus pasos, huella con huella, calcar sus pisadas, y todo estaría en orden. No era necesario puesto que estábamos en una amplia explanada, pero era también un juego divertido.
La excitación iba creciendo a medida que avanzábamos, mi corazón palpitaba alegre, como dando saltitos, para acompañar a modo percutivo nuestra pequeña expedición nocturna. Susurraba la brisa del verano, en las costas del Atlántico, inconfundible. 
Encontramos un buen lugar donde echarnos, y así, cabeza contra cabeza, esperamos en la hierba húmeda. Ya faltaba poco.
No era la primera vez que veía una lluvia de estrellas, pero esta estaba siendo particularmente impresionante. Quizás porque nunca había estado quieta, tumbada, observando, dejando que se me cayeran esos trocitos de universo, de vida, de ser, encima. Pedí un deseo. Pedí ese deseo mil veces más, todas cuantas estrellas cayeron aquella noche sobre la campiña.
Sabía con antelación que no se iba a cumplir, porque las estrella fugaces no tienen poderes mágicos, como la lógica dicta, pero la carga simbólica era tan grande que reprimí alguna lágrima que se quería escurrir por mis mejillas. 
Lo que ocurriese a partir del momento en que volvimos a ponernos en pie y buscamos el sendero de vuelta a la civilización sería cuestión del azar, pero en lo más hondo de mí sabía que alguno de aquellos itinerantes puntos de luz se había llevado bien lejos mi pequeño deseo, y tal vez tuviese la generosidad de cumplirlo en algún lugar del vasto universo. Entonces, aunque estuviese a miles de años luz, yo sabría que se habría hecho realidad porque mi corazón se llenaría de calor y se sentiría de nuevo como en casa.

3 comentarios:

Nirei dijo...

"porque las estrella fugaces no tienen poderes mágicos"

Estrellas. Esto ni lo publiques, dejaré otro hablando de lo mucho que molas.

Nirei dijo...

Yo tengo un par de momentos parecidos. Se quedan ahí y ya no hay quien los quite.

Sabe dijo...

Que bonito!